Después de veintitantos años trabajando como un energúmeno en la hostelería -casi la mayor parte de este tiempo en las islas Baleares- a José no le queda más opción que quedarse en un paro forzoso que, cada mañana, le recuerda que aún tiene que pagar una espléndida hipoteca. La de la casa que se ha hecho en su pueblo, modestamente, con un dinerillo ahorrado durante años de estar privado de todo en el quinto pino. La crisis le ha vuelto a colocar donde estaba hace veintitantos años. Partiendo de cero. Pero él ha tenido suerte y ha recalado en una empresa de la zona, dentro de las labores de transporte relacionadas con el sector hortícola. Ahora respira hondo cada noche, cuando sabe que podrá pagar las letras que garantizan el bienestar de su familia. El mejor premio para un hombre honesto.
Por contra, el caso de Chemi es sangrante. Durante ocho largos años fue empresaria-dueña y única trabajadora de una tienda especializada de alimentación. En menos de nueve meses se vino abajo el negocio y, en menos de tres, el exiguo beneficio mensual que se traducía en un sueldo normal se ha convertido en una deuda capaz de quitarle el sueño de por vida. Hace unas semanas, me sorprendió preguntándome ¿donde la podrían colocar?. Preguntó como si nada, como si por casualidad. Escondiendo un interrogante terrible, el de su propio futuro. Pero también el destino se ha cruzado favorable y Chemi trabaja, desde la pasada semana. Un trabajo normal, pero que le garantiza nómina, sueldo y dignidad. Está radiante.
Sin embargo, mi amigo Fabián no brinda aún con cava, sino con vino amargo. Este verano le pregunté -ingénuo- ¿Porqué no me constestas los e-mails?... ¡Te he mandado un montón...!. Me dijo, sin más, que se había dado de baja y había quitado internet... ¡Tengo que reducir gastos!... Y... Oye... ¿No sabrás de nadie que necesite.....?. Fabián sigue parado. Más parado que un poste y ya no sabe qué más dar de baja. De boda ni hablar....
Y ya que hablamos de correo, de emails... Cada dos por tres hay algún amigo o amiga que pide ayuda, que pide consejo... Que necesita trabajo. Antes daban un rodeo, ahora te lo piden directamente. Y, puedo aseguraros, que no hay nada más angustioso que no tener en tu mano el resorte que pudiera ayudar a solucionar tantas vidas como andan ahora completamente dislocadas. Siempre puedes hablar con algún empresario conocido, con un jefe... Siempre intentamos hacer algo todos -seguro que todos lo habéis hecho en más de un momento- Pero nada nos quita la horrible sensación de no tener más poder que el de costearnos nuestro propio salario.
Hace muy poco le mostré a mi hijo una carta de vinos en la que una botella se servía al módico precio de 800 euros (las hay mucho más caras, claro). En una reunión de cuatro... A copa por cabeza y punto. Entonces recordé como hace un par de años, tan solo, en el mismo lugar hubo quienes hacian correr las botellas como si de agua mineral se tratase. Como invitaban, como las utilizaban para hacerse notar y hacer notar que el ladrillo les había investido de poder terrenal, oro en los ojos y una jodida prepotencia que solo la crisis -algo bueno ha hecho la crisis- les ha bajado a la altura de los cataplines.
Yo no quiero reyes este año. En serio. No tengo ganas ni la más mínima ilusión. Como todos los españoles de a pie, llego tan justo a fin de mes que el día menos pensado lo mandaré todo a freir puñetas... Pero, encima, tengo que dar gracias porque puedo llegar justo.
Pero así está el patio. Eso es lo que hay y lo que nos merecemos por haber sido -durante años- mendigos vestidos de reyes. Y todavía peor, lo que nos merecemos por permitir que una élite política absolutamente despiadada e indiferente a todo dolor y necesidad de sus semejantes continuen engordando su circulo de elegidos con sueldos de 3.000 euros al mes.
Este año olvidaros de 'La Jijonenca'... Si queréis turrón hay uno de marca 'la pava' que sabe igual y encima te regalan una degustación de polvorones.
--PD. Los nombres que cito no son reales. Las situaciones sí.
1 comentarios:
Vamos a dejar los aspavientos y las "a todas luces" innecesarias pijotadas, y vamos a celebrar una navidad desde la riqueza de nuestros corazones, dando y recibiendo el más preciado tesoro: el amor.
Y que el turrón más caro del mundo deje sus años de bonanza para épocas más adecuadas...
Publicar un comentario en la entrada