martes 30 de junio de 2009

Zemos lo que merecemos

El pasado viernes, durante el recital de Edita Gruberova, en el increíble marco del palacio de Carlos V de Granada tuve ocasión de comprobar algo que me dejó atónito: El enorme interés que un evento como el festival internacional de música y danza de Granada despierta en todo el país. Y digo país, porque entre los mil y pico espectadores había gente llegada, ex profeso, desde todas las provincias de España.

Para gozo interior, asistieron no pocos motrileños y todos nos dejamos llevar llevar por un tipo de música tan aparentemente (solo aparentemente) ‘minoritaria’ y ajena a la comprensión cultural de la mayoría de los mortales. Allí, bajo la bóveda cuajada de estrellas del cielo de la Alambra, y con la columnata del palacio iluminada débilmente con luces azules y malvas, Gruberova transportó al auditorio y como por arte de magia, a regiones remotas de la Europa perdida; a instantes históricos desconocidos... A evocadores encuentros. A un canto sin igual recreando la noche. Un exitazo... Ni una voz de fondo, ni un aplauso a destiempo... Una bocanada exquisita de arte, cultura y saber estar. De lujo.

Una preciosa excusa para recorrer los bosques del recinto nazarí. De tomar una copa mientras a tus pies se extiende –iluminada- Granada.

Bueno.... Frente a esto uno tiene que contentarse, con estos lares, con ‘Pepito y sus mariachis’ (por decir algo) como oferta cultural para el verano; algun grupillo en decadencia para la feria.... Y poco más. Sin mayores comentarios pues, sin ya tener ni ánimo, uno puede soltar una burrada.

Aquí andamos todavía con el debate del botellón. De los meaeros. Del chunda-chunda. No nos quedan ni semanas verdes, ni festivales playeros (que al menos algo traían), ni siquiera un simple pasacalles.... ¡Organizad aunque sea un certamen de zambombas, joder!. ¡Así no podréis poner la excusa de la crisis!.

Mi próxima cita... SEVILLA. Voy a beberme un buen trago de arte, tronío y cultura.

martes 16 de junio de 2009

El Motril C.F.

¿Alguien de ustedes se acuerda de Murado?. Yo si. Sin gustarme demasiado el fútbol, recuerdo como un acalorado oyente se me quejaba, en directo y a través de las ondas de Radio Motril, del desdén con el que parecíamos tratar al entonces presidente del Motril una vez que las cosas empezaron a torcerse, y aquellos proyectos faraónicos (estadio para y pico mil personas, un equipazo local.... Se dibujaban como un auténtico espejismo entre los amantes al futbol de la ciudad. Tanto, tanto... ¿Y en qué quedó todo aquello?. Si por poco parecía que aquel presidente iba a salvar a Motril entero del caos y de la oscuridad eterna.
Nunca me ha parecido normal que la afición se multiplique y se desviva ante la perspectiva de un ascenso -como ha pasado ahora- y que, en los momentos bajos, el club -directiva, jugadores y auténticos amantes de sus colores- se vean más solos que la una.
Somos una ciudad gafada en lo que a la proyeccción de su fútbol se refiere. Salvo la increíble base y su auténtica dimensión social y deportiva; la cúspide de la tercera se sustenta siempre sobre pilares débiles que dificilmente aguantan la presión de un ascenso.
Estoy hablando en términos muy generales y suscintos, porque en todo hay puntualizaciones y salvedades.
Particularmente, siempre creí que el Motril de Motril, debía ser un club guiado por gente del fútbol de toda la vida y cuyo equipo matriz fuese un ejemplo de apuesta local, de cantera curtida a través de los años y elevada a las mieles del primer equipo. Ya se que esto es una auténtica entelequia en nuestros días, que los equipos son solo grupos de fichajes, que el amor por los colores ya no existe en ningún sitio, bla, bla.... Vale.. Pero es que uno no puede evitar leer aquellos periodicos de los años 80 e incluso 90 cuando aquellos partidos de 'maxima rivalidad' comarcal, con un fútbol entroncado hasta la médula en la conciencia y en el 'ardor' de los deportistas motrileños.
La sencillez y la impronta local siempre le dieron al Motril sus mejores momentos. Recuerdo aquellos años de presidencia de Miguel Pino, aquella caseta de feria en la que se dieron un auténtico palizón un grupo de motrileños comprometidos con su fútbol y sus colores... ¡Cómo creían en el Motril, como hablaban de él, como disfrutaban con él!... Eran gente sencilla que abanderaron un proyecto sencillo, pero que calaba profundamente. Ese sentimiento se ha ido diluyendo a través de los años, primando una visión cuasi empresarial y un tanto impersonal del fútbol local.
Seguro que habrá quien discrepa. Pero yo lo veo así.